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Sobre aquella maldita manía de darle status a las fufas
Las cosas hay que llamarles por su santo nombre! Putas! putas! putas! me lleno la boca con ese apelativo truculento y a la vez romántico, que evocaba aquellas tertulias soporíferas en Sucre Sucre donde las mojarras fugaces saltaban fuera del río para devorar a los mosquitos. En ese entonces Pello Ramayá Beltrán, primer comandante del calambuco de ñeque, habría de expresar sus aventurillas en el Burdel de la Tía Petrona. No es que Petrona fuera tía consanguinea, sino que fue la tutora permisiva de todos los hombres de la región sabanera. Pello, nos contó que él, junto con su amigo, Félix Bola, no tenían un quinto para desfogar las pasiones alborotadas de la juventud imberbe, y sin embargo se fueron a hurtadillas felinas al burdel de la tía Petrona, muy a sabiendas que ella no le fiaba ni a tirofijo! Se trataba pues, de un acto temerario y enajenado que habría de terminar en botellazos de soda clausen y el incendio parcial del burdel. A pesar que no pudieron poner la yuca en remojo, Pello y Félix Bola pudieron disfrutar del masaje dactilar que les propinó Asdrubal, el siempre diligente chulo desviado de la Tía Petrona.Después de tan contundente ilustración y elocuente argumento que he expuesto, no queda asomo de duda: el llamarlas pregago es una infamia calumniosa del mismo porte que comesaña sea nuevamente técnico del Junior. La madre, preferiría mil veces que llamasen al Zurdo López como rector de la Universidad del Atlántico o a Edgar Perea de Secretario de la Cultura.Pueblito de mis cuitas, de casas pequeñitas, en tus calles tranquilas perdí mi juventud y en tus burdeles de mala muerte me gané una blenorragia.Y estando en estos matarratones de recuerdos, acabo de evocar que lo que me regaló la gaviota de navidad no fue un chancho sino un chancro! nojoda!Si en mis manos estuviera, me lo sacudiera!
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